¿Emociones? Ni positivas, ni negativas, sino todo lo contrario

Escrito por cuidando-comunicacion 21-09-2010 en General. Comentarios (0)

 

   «¿Porqué manejan términos como "emociones positivas y negativas"?. ¿Significa que sentirme enojado está mal? ¿Es incorrecto sentir asco? ¿Soy mala si experimento miedo? Creo que las emociones son y nada más. No creo que se deba etiquetar pues ninguna emoción debería generar culpa, pero me gustaría que me aclararan este punto y tener una justificación teórica. ¡¡Gracias!!» Arely.

 

   Las palabras de Arely, escritas como comentario a la noticia de nuestro blog «Emociones Básicas Universales», me han recordado a las de Clara Valverde en su libro Comunicación Terapéutica en Enfermería 1: «Las emociones no son ni “buenas” ni “malas”, ni “positivas” ni “negativas”. Son una expresión necesaria del ser humano. Sin duda, frecuentemente causan sensaciones perturbadoras. Es importante que la persona (…) pueda expresar lo que siente para desahogarse y convivir más cómodamente con sus emociones (…) Las emociones no son cosas que se deban “quitar” ni “solucionar”, sino experiencias a vivir. Y si alguien se siente desanimado para poder, en otro momento, sentir una emoción como la alegría, primero necesita sentir y expresar su pena. El ser humano es como una olla exprés: necesita que la presión salga».

   En el contexto de una comunicación terapéutica, Clara recomienda que el profesional acepte las emociones del paciente, sin minimizarlas, sin intentar cambiarlas, invitando a hablar de lo que siente, de sus preocupaciones y mostrando una actitud empática; de lo contrario, podríamos caer fácilmente en respuestas de tipo apoyo-consuelo (¡No te preocupes, ya verás qué pronto se solucionará todo!), solución del problema (Tú lo que tienes que hacer…) e, incluso, juicio moral (¡Está usted hecho un energúmeno! o ¡No sea tan débil!). Indudablemente, ¡tenemos todo el derecho a sentir!, a sentir amor, compasión, alegría por los éxitos ajenos, ecuanimidad, ternura, indulgencia, etc. Pero también a sentir tristeza, miedo, celos, rabia, envidia, ira, soberbia… ¡Y a expresarlo, sin culpa, sin presión por cambiar! Todo lo que lleve a la negación de nuestros sentimientos nos conduce en realidad a nuestra propia alienación.

 

   Por otro lado, nuestras emociones son sentimientos breves, y los sentimientos, como nos recuerda Marina, «son experiencias que integran múltiples informaciones y evaluaciones positivas o negativas, implican al sujeto, le proporcionan un balance de su situación y provocan una predisposición a actuar»2. Esta definición nos lleva a pensar que cuando modificamos nuestras evaluaciones y ampliamos el filtro de nuestras informaciones sobre lo que nos sucede, utilizando para ello el curso de nuestros pensamientos, estos tendrán un impacto en nuestros sentimientos y emociones y, consecuentemente, en nuestro comportamiento. Siguiendo el razonamiento, sentir envidia, esa tristeza por el bien ajeno, me va a producir tensión emocional y a la vez podrá trastornar mis vínculos con los demás; por el contrario, la alegría por el éxito ajeno,  aportará bienestar tanto a mí como a los que me rodean. Así, ¿cómo no resistirse a la tentación de clasificar como negativa a la primera experiencia y de positiva a la segunda?3. Lo que parece muy relevante aquí es saber que si una emoción/sentimiento nos perjudica, ¡está en nuestra mano cambiar! (revisad el post de octubre de 2008 «Volver a pensar»).

 

   ¿He sido incongruente con lo afirmado en el párrafo anterior? Creo que no, no desde la perspectiva de la inteligencia emocional, esa «capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos», que  decía Goleman.

 

   Por ello, entiendo la clasificación como «positivas/negativas» a la que sometemos a las emociones, y entiendo al mismo tiempo la resistencia a hacerlo en aras del respeto de las experiencias emocionales, propias y extrañas.

 

1. Valverde C. (2007) Comunicación terapéutica en enfermería. Difusión Avances de Enfermería. 1ª Edición.

2. Marina JA, López M. Diccionario de los sentimientos. Compactos Anagrama.

3. Bimbela, JL. (2008). Gimnasia Emocional. Escuela Andaluza de Salud Pública. 1ª Edición.