Cuidando la Comunicación

Poesía, emociones y comunicación en el blog VI

Escrito por cuidando-comunicacion 21-09-2010 en General. Comentarios (0)

 

Fuente: Chivite E, Blancart M. (2008) Sharaija murió con trece años. la bella varsovia. 1ª Edición

 

 

(…) Sharaija tenía la manía de marcar las risas

atrapadas en los espejos con las uñas,

mojándolas en polvo de hada… Incluso en

ocasiones las fijaba como con laca a saliva

y lágrimas, para siempre, y así las personas

que se miran se ven alegres o tristes según

lo pintado. Ninguno entendíamos con

propiedad las impresiones que Shara tenía

a través de los espejo, las aguas límpidas,

destellos, reflejos o ventanas, pero a todos

nos hacía recordar un sueño, o traía una

imagen que era algo inexpresable por pala-

bras a la mente.

 

Sharaija juega a esconder mis medias horas

al fondo del armario; el tiempo que me

roba le sirve para cobrar forma fuera del

espejo… Tiene entonces la manía de pasear

por los tejados para espiarme (cada vez

que lo hace crezco la media hora que me

quita en un segundo).

 

Si no quiero que me siga por los celos que

le dan al verme jugar con otras niñas, llevo

en el bolsillo un cristal que dejo caer al

estanque;  y se la ve corretear en pos de él

entre reflejos, con las manos abiertas, aca-

riciando las ondas y las corrientes, como a

una sirena. (…)

¿Emociones? Ni positivas, ni negativas, sino todo lo contrario

Escrito por cuidando-comunicacion 21-09-2010 en General. Comentarios (0)

 

   «¿Porqué manejan términos como "emociones positivas y negativas"?. ¿Significa que sentirme enojado está mal? ¿Es incorrecto sentir asco? ¿Soy mala si experimento miedo? Creo que las emociones son y nada más. No creo que se deba etiquetar pues ninguna emoción debería generar culpa, pero me gustaría que me aclararan este punto y tener una justificación teórica. ¡¡Gracias!!» Arely.

 

   Las palabras de Arely, escritas como comentario a la noticia de nuestro blog «Emociones Básicas Universales», me han recordado a las de Clara Valverde en su libro Comunicación Terapéutica en Enfermería 1: «Las emociones no son ni “buenas” ni “malas”, ni “positivas” ni “negativas”. Son una expresión necesaria del ser humano. Sin duda, frecuentemente causan sensaciones perturbadoras. Es importante que la persona (…) pueda expresar lo que siente para desahogarse y convivir más cómodamente con sus emociones (…) Las emociones no son cosas que se deban “quitar” ni “solucionar”, sino experiencias a vivir. Y si alguien se siente desanimado para poder, en otro momento, sentir una emoción como la alegría, primero necesita sentir y expresar su pena. El ser humano es como una olla exprés: necesita que la presión salga».

   En el contexto de una comunicación terapéutica, Clara recomienda que el profesional acepte las emociones del paciente, sin minimizarlas, sin intentar cambiarlas, invitando a hablar de lo que siente, de sus preocupaciones y mostrando una actitud empática; de lo contrario, podríamos caer fácilmente en respuestas de tipo apoyo-consuelo (¡No te preocupes, ya verás qué pronto se solucionará todo!), solución del problema (Tú lo que tienes que hacer…) e, incluso, juicio moral (¡Está usted hecho un energúmeno! o ¡No sea tan débil!). Indudablemente, ¡tenemos todo el derecho a sentir!, a sentir amor, compasión, alegría por los éxitos ajenos, ecuanimidad, ternura, indulgencia, etc. Pero también a sentir tristeza, miedo, celos, rabia, envidia, ira, soberbia… ¡Y a expresarlo, sin culpa, sin presión por cambiar! Todo lo que lleve a la negación de nuestros sentimientos nos conduce en realidad a nuestra propia alienación.

 

   Por otro lado, nuestras emociones son sentimientos breves, y los sentimientos, como nos recuerda Marina, «son experiencias que integran múltiples informaciones y evaluaciones positivas o negativas, implican al sujeto, le proporcionan un balance de su situación y provocan una predisposición a actuar»2. Esta definición nos lleva a pensar que cuando modificamos nuestras evaluaciones y ampliamos el filtro de nuestras informaciones sobre lo que nos sucede, utilizando para ello el curso de nuestros pensamientos, estos tendrán un impacto en nuestros sentimientos y emociones y, consecuentemente, en nuestro comportamiento. Siguiendo el razonamiento, sentir envidia, esa tristeza por el bien ajeno, me va a producir tensión emocional y a la vez podrá trastornar mis vínculos con los demás; por el contrario, la alegría por el éxito ajeno,  aportará bienestar tanto a mí como a los que me rodean. Así, ¿cómo no resistirse a la tentación de clasificar como negativa a la primera experiencia y de positiva a la segunda?3. Lo que parece muy relevante aquí es saber que si una emoción/sentimiento nos perjudica, ¡está en nuestra mano cambiar! (revisad el post de octubre de 2008 «Volver a pensar»).

 

   ¿He sido incongruente con lo afirmado en el párrafo anterior? Creo que no, no desde la perspectiva de la inteligencia emocional, esa «capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos, los sentimientos de los demás, motivarnos y manejar adecuadamente las relaciones que sostenemos con los demás y con nosotros mismos», que  decía Goleman.

 

   Por ello, entiendo la clasificación como «positivas/negativas» a la que sometemos a las emociones, y entiendo al mismo tiempo la resistencia a hacerlo en aras del respeto de las experiencias emocionales, propias y extrañas.

 

1. Valverde C. (2007) Comunicación terapéutica en enfermería. Difusión Avances de Enfermería. 1ª Edición.

2. Marina JA, López M. Diccionario de los sentimientos. Compactos Anagrama.

3. Bimbela, JL. (2008). Gimnasia Emocional. Escuela Andaluza de Salud Pública. 1ª Edición.

Poesía, emociones y comunicación en el blog V

Escrito por cuidando-comunicacion 31-08-2010 en General. Comentarios (0)

Fuente: Miguel L. (2010) Estar enfermo. La Bella Varsovia. 1ª Edición.

 

 

HIPOCONDRIAQUE

 

garganta vacía, blando, duro, cabeza.

garganta seca, fiebre, sueño, tripa.

tengo todos los síntomas, tengo todas

las enfermedades. sangre, frío, azúcar.

 

no estoy enamorada.

Epícteto y la Comunicación Terapéutica

Escrito por cuidando-comunicacion 31-08-2010 en General. Comentarios (0)

 

    23:30 h en una planta de hospital:

   La cuidadora de una paciente sale de su habitación al ver pasar a una compañera de enfermería a la que le reprocha, con muy malos modales, el no haberle traído la almohada que pidió hace aproximadamente 1 hora.

   En otra habitación de la misma unidad, un paciente se queja muy enfadado al enfermero que le acaba de dejar una medicación importante de haber sido despertado, «¡con lo que me cuesta quedarme dormido!».

   Al final del pasillo opuesto, el padre de otra paciente reprende indignado a otra compañera por no haberle administrado aún los calmantes a su hija, «no entiendo cómo, con lo mal que está, no habéis empezado por ella. ¡Estoy harto, la dejáis la última todas las noches, esté bien o mal!».

 

   Está claro que la labor asistencial del personal de enfermería no es precisamente fácil y puede conllevar un desgaste emocional importante que nos conduzca, con el tiempo, a experimentar el temido síndrome de Burnout. ¿Cómo aplicar técnicas como la escucha activa, la empatía activa y concreta, y la aceptación del otro cuando nos sentimos injustamente tratados y en un entorno lleno de tensión y de múltiples demandas?

   Es precisamente en ese entorno en el que la autora y compañera Clara Valverde encuentra la solución para afrontar estas situaciones de la manera más sana: la Comunicación Terapéutica (CT), comunicación opuesta a la Social (CS); «En la CS, la responsabilidad de la calidad de la comunicación es de las dos personas que se están relacionando… En la CT, la responsabilidad de que la comunicación sea lo más eficaz posible corresponde al profesional, es parte de su trabajo. El papel del paciente (y de los que lo rodean) consiste en expresar su malestar, a su manera, para que la enfermera pueda conocerle y así ayudarle mejor» 1; Clara propone un ejemplo interesante frente a la siguiente respuesta de un paciente o de alguien cercano al mismo, ¡No hago más que llamar y no vienen a atenderme! y así ilustrar ambos estilos de comunicación:

1.      Respuesta desde la CS:

o    El profesional piensa: “¡Qué pesado es este señor! No le pasa nada. Sólo busca atención”. El profesional dice: “Mire, estoy muy ocupada y hay muchos pacientes. Ya he venido un montón de veces esta mañana. ¡A ver si puede estar tranquilo un rato!”

2.      Respuesta desde la CT:

o    El profesional piensa: “Este paciente/cuidador no parece estar muy a gusto. Llama a menudo. Puede ser que se sienta solo o nervioso. Esta situación no es cómoda pero voy a intentar averiguar qué le pasa”. El profesional dice: “Veo que no está muy contento. Dentro de un tiempo tendré un ratito. Si quiere vengo y me cuenta cómo le van las cosas” 1.

   En este ejemplo, una vez más se pone de manifiesto la conexión entre pensamientos, acciones y… ¿qué ocurre con las emociones, el segundo eslabón de esa cadena? En muchas ocasiones, ante respuestas agresivas nuestra CT se ayudará de reflexiones como la atribuida al filósofo estoico Epícteto (55-125 dC) para realmente desenvolvernos dentro de los márgenes de una óptima relación de ayuda:

 

   «Recuerda que no ofende el que insulta o el que golpea, sino el opinar que ellos son ofensivos. Cuando alguien te irrite, sé sabedor de que es tu juicio el que te irrita» 2.

  

Este post está dedicado a una carismática compañera, Yolanda.

 

 

1. Valverde C. (2007) Comunicación terapéutica en enfermería. Difusión Avances de Enfermería. 1ª Edición.

2. Riso W. (2009) El camino de los sabios. Filosofía para la vida cotidiana. Planeta. 1ª Edición.

 

Una familia árabe

Escrito por cuidando-comunicacion 28-07-2010 en General. Comentarios (0)

   Marilyn R. McFarland 1 propone que resolvamos el siguiente caso

 

atendiendo a lo propuesto por Leininger en su teoría del cuidado transcultural:

 

   “Un anciano musulmán, árabe-americano, que hablaba un inglés muy precario, tuvo un ingreso hospitalario por un dolor creciente, en reposo, de su pie izquierdo, el cual estaba frío, pálido y con historia quirúrgica. El anciano sufría numerosos problemas crónicos de salud (diabetes mellitus tipo II, hipertensión arterial y enfermedad pulmonar obstructiva crónica), aparte de haber padecido un infarto agudo de miocardio y varios accidentes cerebro-vasculares. Durante su ingreso, a raíz de aparecer dolor abdominal, se le realizó una colecistectomía.

   Esta persona tenía una nutrida familia, que incluía a su esposa, 9 hijos y muchos nietos. Su mujer insistía en que todos sus miembros tuvieran acceso cada día a la visita hospitalaria. La familia demandaba que el paciente estuviera orientado hacia la Meca mientras que realizaban sus oraciones junto a él. Acudían a la habitación con pasajes del Corán grabados que reproducían a los pies de su cama. Las demás familias que visitaban a sus allegados se quejaban a las enfermeras de que la familia árabe había ocupado por entero la sala de espera y que no había posibilidad para que nadie más se pudiera sentar.”

 

   La enfermera Madeleine Leininger propuso tres claves para ofrecer unos cuidados "culturalmente" coherentes y que podrían servir a nuestro objetivo:

 

·         Mantenimiento del cuidado cultural: acciones y decisiones del profesional que asisten, apoyan, facilitan o hacen posible la ayuda a las personas de una cultura particular a conservar o mantener valores significativos y estilos de vida para el bienestar, el restablecimiento de la enfermedad, o el afrontamiento de la discapacidad o el proceso del morir. Esto lo hacemos posible como profesionales cuando empleamos la escucha activa, la actitud empática y la aceptación del otro (no juzgarlo moralmente, ni con palabras ni con gestos).

 

·         Acuerdo o negociación en el cuidado cultural: acciones y decisiones del profesional que asisten, apoyan, facilitan o hacen posible la ayuda a las personas de una cultura particular para la adaptación a / negociación con otros, con el objetivo de obtener unos significativos, benéficos y congruentes objetivos en salud. Esto lo hacemos posible como profesionales cuando, por ejemplo, conseguimos involucrar al equipo para que explique claramente la situación médica y sus requerimientos; o cuando pedimos opinión y llegamos a determinados pactos con el familiar de referencia -previamente identificado (un solo acompañante en la habitación durante las intervenciones del equipo; uso de auriculares para la reproducción de los versos coránicos; limitación del número de familiares en la sala de espera…).

 

·         Remodelación o reestructuración del cuidado cultural: acciones y decisiones del profesional que asisten, apoyan, facilitan o hacen posible la ayuda a las personas de una cultura particular a reorganizar, cambiar o modificar sus estilos de vida para unos nuevos, diferentes y beneficiosos objetivos en salud. Esto lo hacemos posible como profesionales cada vez que usamos técnicas como la reestructuración de ideas (en cuanto a la confianza en el equipo, a la conveniencia de determinadas normas dentro de la unidad, a la consideración a la presencia de otros pacientes…) y nos comunicamos de manera asertiva (estilo relacional generador de confianza).

 

   Para llegar a buen puerto, también nos podemos beneficiar de algunas interesantísimas reflexiones extraídas del libro de Manuel Moreno, "El cuidado del otro" 2:

 

"No es posible cuidar desde la frialdad de la distancia, porque cuidar es interrelacionarse con la persona cuidada."

 

"Es necesario, desde el mantenimiento de la cercanía al paciente como un valor central del cuidado, garantizar el funcionamiento de la institución, que obliga al mantenimiento de determinadas normas y reglas. Se trata, entonces, de establecer una relación terapéutica basada en el equilibrio entre la ética del cuidado y la ética de la justicia."

 

"Mantener una distancia terapéutica implica entender el cuidado desde el concepto de relación de ayuda, es decir, como un proceso mediante el cual una persona ayuda a otra a solucionar problemas desde la dirección de la persona ayudada (Luis Cibanal)."

 

"Para los pacientes, sentir la presencia de la enfermera, su disponibilidad y comprensión les resulta fundamental, más allá de que algunos problemas tuvieran o no solución. La indiferencia o el mecanicismo es lo que más duele al paciente."

 

"Un enfoque antropológico del cuidado consiste en una aproximación global que sitúe al paciente en su contexto y permita conocer sus hábitos y costumbres de tal forma que los consejos e intervenciones que se realicen tengan por base ese conocimiento concreto."

 

   Por último, a nuestro auxilio acuden dos citas de ilustres personajes:

 

El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.

Cervantes

 

Si tú eres diferente de mí, lejos de herirme, tú me enriqueces.

Saint-Exupéry

 

   ¿Qué os parece este enfoque y estas consideraciones? Estoy seguro de que muchos las hacemos realidad cada día en nuestro trabajo. Que esta entrada sirva para reforzarlas. Bienvenidas sean otras opiniones: sentíos libres de expresarlas.

 

   Este post está dedicado a Gloria, una estupenda compañera.

 

1.  Raile M, Marriner A (2010). Nursing Theorists and Their Work. Mosby/Elsevier. 7ª edición.

      

2. Moreno M (2008). El cuidado del otro: un estudio sobre la relación enfermera/paciente inmigrado. Edicions Bellaterra. 1ª edición.